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Las políticas sensibles al género son necesarias para frenar la ampliación de las brechas de género en el contexto de la pandemia de COVID-19

par Zouhair Ait Benhamou - publié le

La crisis del Coronavirus (COVID-19) fue un brote inesperado que está afectando desproporcionadamente a las economías más frágiles del mundo (Sayeh & Chami, 2020). Históricamente se ha comprobado como epidemias anteriores agravan las desigualdades existentes (Burki, 2020 ; Davies & Bennett, 2016 ; Lozano & García-Calvente, 2020), siendo esta una realidad patente en el contexto de la crisis actual del COVID-19 en los países de América Latina y el Caribe (ALC) debido a la particular situación de vulnerabilidad que sufren las mujeres en la región (CEPAL & OPS, 2020). Por lo que la epidemia amenaza con acabar con gran parte de los avances logrados en las últimas décadas en materia de reducción de la pobreza, crecimiento económico e igualdad de género.

Introducción

La crisis del Coronavirus (COVID-19) fue un brote inesperado que está afectando desproporcionadamente a las economías más frágiles del mundo (Sayeh & Chami, 2020). Históricamente se ha comprobado como epidemias anteriores agravan las desigualdades existentes (Burki, 2020 ; Davies & Bennett, 2016 ; Lozano & García-Calvente, 2020), siendo esta una realidad patente en el contexto de la crisis actual del COVID-19 en los países de América Latina y el Caribe (ALC) debido a la particular situación de vulnerabilidad que sufren las mujeres en la región (CEPAL & OPS, 2020). Por lo que la epidemia amenaza con acabar con gran parte de los avances logrados en las últimas décadas en materia de reducción de la pobreza, crecimiento económico e igualdad de género.

Según informes de la CEPAL (2020a) y CEPAL & OPS (2020), los siguientes factores hacen de las mujeres un grupo vulnerable en los países de la región ALC.

Las mujeres están sobrerrepresentadas en los sectores laborales altamente expuestos al contagio (72,8% del personal ocupado en el sector sanitario).
El 78% de las mujeres ocupadas trabajan en las actividades económicas más golpeadas por las medidas de contención.
En el período previo a la pandemia, las mujeres destinaban entre 22 y 42 horas semanales a actividades de trabajo doméstico y de cuidados no remuneradas.
Con el cierre de las escuelas, el aislamiento social y el aumento de personas enfermas, la sobrecarga de trabajo no remunerado se intensifica.

En Bolivia, el débil contexto socioeconómico determina la influencia de los impactos del coronavirus. Cuando el coronavirus golpeó a la economía, se tomaron medidas de bloqueos económicos con el fin de evitar la propagación del virus seguidas de medidas de apoyo a la economía, desde las ayudas directas a las familias y empresas hasta los programas de compra de deuda pública. Sin embargo, dados los altos niveles de deuda fiscal y la persistencia de la pandemia, la capacidad del país para hacer frente a la crisis se vio severamente afectada y hoy representa un desafío mayor para la economía.

Al igual que la mayoría de los países del mundo, Bolivia adoptó medidas como el distanciamiento social, la restricción de la circulación de personas y bienes, y el cierre económico para evitar la transmisión y propagación del virus COVID-19 entre la población desde finales de marzo de 2020. Así, se declaró una cuarentena total mediante el Decreto Supremo nº 4199, que se caracterizó por un bloqueo nacional inicial de 14 días a partir de la medianoche del 22 de marzo de 2020. Esta cuarentena estricta se prorrogó periódicamente para evitar una mayor propagación del virus hasta el 10 de mayo de 2020, y a partir de entonces se mantuvo una “cuarentena dinámica” que permitió la relajación gradual de las medidas de contención, principalmente en aquellas regiones y ciudades bolivianas menos afectadas por el virus. A finales de agosto de 2020, Bolivia inició la fase de post-confinamiento y comenzó a abrir la economía, aunque de forma gradual.

Las medidas adoptadas durante el período de confinamiento, así como las adoptadas en el período de post-confinamiento para proteger la salud de la población frente a la pandemia mundial, afectaron el normal desarrollo de la economía boliviana, que tuvo que interrumpir o disminuir sus capacidades productivas. En el segundo trimestre de 2020, el Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia se contrajo en 11,11%, convirtiéndose en una de las economías más afectadas de América Latina (INE, 2020). También es probable que estas medidas hayan tenido efectos negativos en el bienestar de los hogares. Durante las crisis, los grupos vulnerables suelen verse más afectados y, entre ellos, las mujeres se ven particularmente afectadas. De hecho, el hecho de que la economía boliviana ya mostrara importantes disparidades de género, principalmente en el mercado laboral, antes de la aparición de la pandemia de COVID-19 puede hacer que las mujeres y los hombres se vean afectados de forma diferente, dependiendo de su situación inicial. De ser así, pueden verse amenazados importantes logros como la disminución de la pobreza que se redujo significativamente de 60% de la población en 2005 a 35% de la población en 2018 (WDI, 2018), así como la tendencia a la baja observada en la desigualdad, reflejada en el valor del índice de Gini, que había disminuido de 0,61 en 2000 a 0,42 en 2018.

Comprender los efectos de la actual crisis sanitaria sobre los sectores económicos y sobre las poblaciones vulnerables (particularmente mujeres) es clave para los gobiernos y los responsables políticos ya que podría ayudar a minimizar los efectos a mediano y largo plazo de la pandemia, garantizando al mismo tiempo la seguridad de las personas.
Brechas de género en un contexto de COVID-19

Un aspecto fundamental para entender la brecha de género en Bolivia, es que se puede observar en múltiples dimensiones como la pobreza, el acceso al empleo y el nivel de ingresos, entre otros. Por ejemplo, la pobreza no se distribuye uniformemente entre hombres y mujeres. Antes de la cuarentena, las mujeres experimentaban una tasa de pobreza nacional más alta que los hombres (38% vs 37%, (INE, 2019)).

En el mercado laboral, las brechas son aún más visibles, especialmente si se tienen en cuenta tanto las actividades remuneradas como las no remuneradas. Por un lado, en el mercado formal (que incluye las actividades remuneradas), la tasa de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo es muy inferior a la de los hombres (65% frente a 83 %) y estas son un 10% más propensas que los hombres a estar empleadas en trabajos designados como vulnerables por el Banco Mundial (WDI, 2019). Además, las mujeres trabajan en una estrecha gama de sectores, siendo los servicios de alojamiento y alimentación, la educación, los servicios sanitarios y sociales y las actividades domésticas privadas los sectores más intensivos en empleo femenino (INE, 2018). Por otro lado, en el ámbito no comercial, el trabajo no remunerado la presencia de las mujeres supera ampliamente a la de los hombres. De hecho, las mujeres bolivianas dedican 5,6 horas diarias al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras que los hombres sólo dedican 3 horas diarias (CEPAL, 2001). Además, la división del trabajo doméstico en función del género es más pronunciada en las zonas rurales, donde las mujeres dedican siete horas diarias al trabajo doméstico, frente a 1,4 horas de los hombres (Ashwill et al., 2011).

En el contexto de la actual pandemia, las disparidades de género existentes, en las esferas comercial y no comercial, que ya son desfavorables para las mujeres bolivianas, podrían agravarse aún más, ya que los sectores económicos no se ven afectados por igual. En los países latinoamericanos, los sectores económicos más afectados por la pandemia de COVID-19 son el comercio al por mayor y al por menor, las actividades comunitarias, sociales y personales, la hostelería, las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler y la industria manufacturera. Mientras que los sectores dedicados a actividades esenciales como la salud, el equipamiento médico, la agricultura y la ganadería, son los menos afectados (CEPAL, 2020b).

Algunos estudios sobre las repercusiones de COVID-19 reportaron efectos especialmente negativos en el empleo de las mujeres. En argentina, la elevada participación de las mujeres en los sectores relacionados con los servicios y en los servicios sociales en particular, hace más difícil que realicen trabajos a distancia (Albrieu, 2020), lo que explica altas tasas de desempleo. En Bolivia el impacto de la pandemia en el empleo ha dejado a un 47% de mujeres desempleadas frente a un 39% de hombres (Gutiérrez et al., 2020). Los efectos de COVID-19 también son visibles en la esfera no comercial de la economía boliviana, ya que es probable que el trabajo doméstico y de cuidados, realizado principalmente por mujeres, aumente aún más, generando más horas de trabajo para ellas. Además, el aumento del número de enfermos, combinado con medidas como el aislamiento social y el cierre de las escuelas, provoca un aumento del trabajo no remunerado en la esfera no comercial, lo que sobrecarga a las mujeres (Wanderley et al., 2020). No sólo aumenta la carga de trabajo no remunerado que soportan las mujeres, sino que este trabajo adicional les deja menos tiempo para el trabajo remunerado en el sector formal. De ser así, esto podría reducir aún más el potencial económico y el bienestar de las mujeres bolivianas, dejándolas aún más precarias y vulnerables en comparación con los hombres que antes.

En este sentido, es necesario integrar un enfoque de género en los estudios, para contribuir al desarrollo de respuestas políticas adecuadas y ayudar a mitigar los efectos de pandemias como la de COVID-19 (Smith, 2019 ; Wenham et al., 2020). Desgraciadamente en Bolivia, poco se sabe, sobre las repercusiones económicas de COVID-19 en la igualdad de género, aunque los hechos sugieren que el impacto de la pandemia afectará a las mujeres y a los hombres de forma diferente y que las desigualdades existentes se pueden agravar si no se toma en cuenta el género.
Ejercicio de simulación y resultados

En este artículo abordamos en cierta medida la falta de investigación macroeconómica centrada en el género ante una crisis sanitaria. Más concretamente, presentamos los resultados de un modelo de Equilibrio General Computable (EGC) sensible al género, vinculado a un módulo de micro-simulación para evaluar los impactos de los shocks de COVID-19 sobre la pobreza y la desigualdad. El modelo también incorpora las tareas domésticas del hogar, que para Bolivia y en el contexto actual de la pandemia de COVID-19 es un elemento clave (ONU Mujeres, 2020), a menudo pasado por alto en la literatura.

El ejercicio de simulación traza una variedad de canales a través de los cuales la pandemia afectó a la economía boliviana. Dado que los efectos de la pandemia continúan en este momento, diseñamos dos escenarios, uno moderado y otro severo, que se diferencian por la magnitud aplicada a los shocks. Para construir un escenario razonable, hemos utilizado algunos estudios e informes existentes, en particular el estudio realizado por la CEPAL (2020b), que identifica tres grupos de sectores según la magnitud de los efectos de la crisis (fuertes, moderados y leves). Para ambos escenarios, agrupamos los diferentes impactos de la pandemia en dos canales de transmisión (doméstico e internacional) (Para especificaciones del modelo y de los escenarios vea Escalante & Maisonnave (2020)).

Los resultados revelan que los sectores económicos se han vuelto menos productivos debido a las diversas medidas de bloqueo económico (primero bloqueo, luego aplicación de normas de distanciamiento social…). Los sectores identificados como fuertemente afectados experimentan disminuciones considerables en la producción, en particular cuatro de ellos que sufren disminuciones superiores al 10% (El sector comercial y financiero, los servicios comunitarios y sociales, la industria de la maquinaria y la industria de los hidrocarburos y la minería).

Sin embargo, los efectos indirectos se extienden a todos los sectores haciendo que estos también se vean afectados. El ejemplo más llamativo se da en el sector de agua, gas y electricidad que registra pérdidas de algo más del 20% en el escenario severo, convirtiéndose en el sector más afectado de Bolivia.

La reducción de las actividades económicas provocó una disminución de la demanda de mano de obra y de capital, provocando despidos en la mayoría de sectores económicos. Como resultado, el empleo disminuye un 3,77% en el escenario moderado y un 5,73% en el escenario severo. Esto, a su vez, llevó a una reducción de los ingresos de todos los agentes de la economía.

Por otro lado, la minería y los minerales se vieron particularmente afectados por el bloqueo, así como por la caída de los precios de los minerales en el mercado mundial que producen una disminución de la demanda de las exportaciones bolivianas. Además, dado que estas se concentran en pocos productos y pocos destinos, los sectores de los hidrocarburos, la soja y el textil, que representan el grueso de las exportaciones fueron los más afectados.

Los hogares no se salvaron, en particular, los hogares conducidos por mujeres pues sufrieron de importantes reducciones de mano de obra que fueron de la mano con aumentos en sus cargas domésticas. Además, las mujeres no calificadas fueron las que más sufrieron debido a su presencia en las actividades económicas más golpeadas por las medidas de contención y el hecho de que para ellas no siempre es posible trabajar adecuadamente desde casa, y más aún, cuando se ven enfrentadas a realizar una mayor carga de tareas domésticas al mismo tiempo. Esto finalmente produjo caídas en el ingreso y el consumo de todos los hogares, con los hogares más pobres encabezados por mujeres siendo los más afectados debido a que obtienen una mayor parte de sus ingresos de un tipo de trabajo menos cualificado.
Reflexiones mayores e implicaciones para las políticas

Los resultados muestran efectos devastadores en la economía y la población bolivianas. Los efectos de la pandemia fueron bastante duros tanto en el lado de la producción como en el de la demanda de la economía. El PIB, registra caídas de 11% en el escenario moderado y del 13% en el escenario severo. Esto se ha debido en gran medida a la marcada desaceleración de la actividad económica, unida a las perturbaciones generalizadas en las cadenas de suministro tanto internacionales como nacionales.

Los impactos específicos de género en el empleo revelan que las mujeres sufren más que los hombres los impactos negativos de la pandemia. Las caídas en el empleo formal, conllevan a un aumento significativo de las cargas domésticas, con las mujeres no cualificadas en siendo las más afectadas. En última instancia, esto sugiere que la pandemia de COVID-19 puede ampliar aún más las brechas de género existentes en el mercado laboral boliviano, que ya eran perjudiciales para las mujeres bolivianas.

El menor crecimiento del PIB, la disminución del empleo, y los menores niveles de ingreso y consumo de los hogares, se traducen invariablemente en un aumento de las tasas de pobreza, que una vez más afectan más a las mujeres que a los hombres. Por lo que esta pandemia también amplía la brecha de género de la pobreza dejando a las mujeres aún más vulnerables que antes. De hecho, en el escenario severo de COVID-19, el aumento de los niveles de pobreza deja empobrecidos a más del 43% de los hogares encabezados por mujeres.

Es importante señalar que este estudio no ha tenido en cuenta los estímulos fiscales del gobierno ni los planes de transferencia social. Esta es una cuestión importante que debería examinarse con más detalle en futuros estudios. Además, dada la escasez de información sobre la pandemia en curso, los resultados de este ejercicio de modelización estarán rodeados de cierta incertidumbre. Sin embargo, pueden contribuir a orientar la adopción de algunas medidas apropiadas en áreas específicas el contexto de COVID-19.

Las opciones políticas deberían promover las inversiones en los sectores más afectados por la pandemia tales como los servicios comercial y financiero, los servicios comunitarios y sociales, o el sector agua, luz y electricidad, que permitan la reanudación de las diferentes actividades y, lo que es más importante, recuperar algunos de los puestos de trabajo perdidos.
Un paquete de ayudas para aumentar el poder adquisitivo y frenar el aumento de la pobreza serían intervenciones eficaces. Dada la intensidad de mano de obra femenina en los sectores gravemente afectados, las mujeres se ven más golpeadas que los hombres, y particularmente las mujeres menos cualificadas, ya que experimentan las mayores pérdidas en sus empleos, se enfrentan a cargas domésticas mucho más pesadas y mayores niveles de pobreza.
Medidas para diversificar la producción y reactivar el crecimiento económico son necesarias para evitar la dependencia económica de sectores como los minerales, hidrocarburos o la producción de soya. Las opciones políticas podrían incluir la diversificación de la cesta de exportaciones que podría incluir el aumento de los productos básicos de alto valor añadido en las exportaciones totales.

Voir en ligne : Wiki Gender